Sumo: ¿Deporte y Obesidad?

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El sumo es acaso la única disciplina física en la cual el sobrepeso no constituye un impedimento para su realización, sino que es casi su esencia misma.

En efecto, la lucha sumo es una variante de lucha libre en el cual dos contrincantes se enfrentan en un área circular conocida técnicamente como dohyo. A pesar de la gran cantidad de elementos rituales sintoístas que rodean a este deporte, el sistema de reglas parece relativamente simple y consiste en términos resumidos en lograr que el rival sea derribado dentro del dohyo o bien quede fuera de los límites del área de combate.

Esta arte marcial de gran antigüedad y de profunda tradición en su Japón originario se destaca probablemente por el particular aspecto físico de los guerreros rikishi, quienes, en contraposición con los restantes deportes, siguen una dieta destinada al aumento masivo y mantenimiento del peso corporal.

Más allá de su nobleza y del indudable valor estético de los combates de sumo, se han encendido alarmas en la propia federación que reúne a los rikishi en virtud de la reducción de la calidad y de la expectativa de vida a menos de 60 años como consecuencia de la obesidad. Este hecho fue más ostensible con la llegada a las competencias de los grandes luchadores de Hawai a mediados de la década de 1990, caracterizados por un peso que superaba los 200 kilogramos. A raíz de la difusión de exámenes médicos sistemáticos, se postula en la actualidad que los luchadores han de ganar peso en el marco de un relativo equilibrio nutricional que arriesgue su salud en la menor medida posible. El actual multicampeón, el mongol Hakuho Sho, apenas supera los 150 kilos con su imponente altura cercana a los 2 metros. Probablemente este fenotipo de luchador sea el deseado por las personas vinculadas a esta actividad tradicional y de gran popularidad entre los japoneses.

Imagen: Mongolian Art

 



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