Salto a la Cuerda



El hecho de que el salto a la cuerda sea uno de los ejercicios más habituales en el entrenamiento de los boxeadores no es un dato fortuito, ya que esta modalidad de ejercitación se encuentra en realidad entre las disciplinas aeróbicas de mejor rendimiento.

En efecto, en el tradicional y simple salto a la cuerda se conjugan la mejoría de la coordinación dinámica, la agilidad de ambos trenes motores (superior e inferior), la velocidad de las piernas y, por supuesto, la resistencia. Por otra parte, no deja de constituir una alternativa de costo mínimo, sin necesidad de tecnología o equipamiento y con la posibilidad de ser efectuado en el propio domicilio.

Sin embargo, se advierte que el salto a la cuerda constituye un ejercicio de relativo alto impacto, por lo cual es cardinal la elongación previa a la competencia, por al menos cinco o diez minutos, así como un adecuado estado de hidratación. De lo contrario, la posibilidad de lesiones en el sóleo, los gemelos o la articulación del tobillo se incrementa de forma innecesaria y fácilmente prevenible. De la misma manera, es recomendable mantener el tronco recto, sin dirigir la mirada hacia abajo.

Cumpliendo estas simples premisas, este completo ejercicio puede iniciarse con series de tres a cinco minutos, separadas entre sí por breves lapsos de caminata sin desplazamiento. A medida que el nivel de entrenamiento crece, se propone reemplazar esos mínimos ratos intermedios por series de flexiones de brazos o de abdominales de no más de 1 minuto por etapa.

La relajación posterior debe cumplirse al igual que otras disciplinas de gimnasia. Con el paso del tiempo, es deseable el agregado de complejidad con saltos cruzados, prácticas en un solo pie u otras formas que incorporan además un desafío y un componente divertido.

Imagen: MD Arena



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