La Entorsis de Tobillo

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La palabra entorsis suele aplicarse a los esguinces más leves, esto es, a la lesión de las partes blandas de una articulación en el marco de una distensión abrupta. En el caso particular del tobillo, probablemente el esguince es la lesión que se asocia con mayor frecuencia con dolor articular. Entre los deportes que más se vinculan con esta lesión sobresalen el tenis, el fútbol, el rugby y el footing.

La forma más común de entorsis en las personas que practican deportes consiste en el mecanismo de inversión, por el cual el pie ubicado en leve flexión parcial es sometido a un estiramiento inusitado y muy rápido. Los movimientos anormales también pueden provocar esguinces, en especial en la disputa de un balón en un encuentro de fútbol. Las formas graves se vinculan con ruptura de fibrillas (esguince grave o grado III) e incluso con pequeños desplazamientos de fragmentos óseos, conocidos como fracturas con avulsión.

Si durante la práctica de ejercicio ocurre una entorsis, la primera manifestación es el dolor articular, acompañado muchas veces de edema y limitación funcional. La primera medida es colocar hielo local en gran cantidad y evitar que el deportista apoye el pie. A continuación, es recomendable la inmovilización con un ventaje enérgico pero que no comprima la circulación, así como la inmediata consulta con el profesional de la salud.

En caso de esguinces leves, el deportista puede comenzar rehabilitación especializada dentro de las primeras 72 h, con apoyo de kinesiólogos o fisiatras. Se propone en el gimnasta amateur aguardar un lapso prudencial de una semana, en la cual puede emplear analgésicos y reposo articular. El seguimiento por el ortopedista le permitirá definir los tiempos más adecuados para retomar la actividad atlética sin riesgos.

Foto: La Caldera del Diablo



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