Ejercicio y Calor

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La realización de actividad física regular se asocia con un sinnúmero de beneficios sobre la salud física y psicosocial en personas de todas las edades. Sin embargo, el ejercicio no se considera una acción exenta de riesgos, por lo cual las medidas de prevención resultan de importancia esencial en muchos casos.

En estos contextos, en la edad media y avanzada de la vida se incrementa la prevalencia de ciertas afecciones que se conocen con el nombre de enfermedades relacionadas con el calor. Estas dolencias pueden incrementar los riesgos asociados con la práctica de ejercicio recreativo y es apropiado que las potenciales personas afectadas contemplen las estrategias de prevención para continuar realizando actividad física con la menor probabilidad de lesiones y daños asociados.

Una de las formas de reconocer estas alteraciones es descubrir la aparición de calambres recurrentes en el marco del ejercicio en condiciones de calor ambiental, sobre todo en pantorrillas, muslos y pectorales. Otro dato de gran relevancia es el uso habitual de ciertos medicamentos que modifican la capacidad de sudoración o que alteran el volumen de producción de la orina, como los antihistamínicos, los diuréticos o algunos psicofármacos.

En todos estos casos, es recomendable enfatizar la realización de ejercicios de bajo impacto (caminatas, aquagym) en ambientes ventilados o bien en horarios en los cuales se eviten temperaturas extremas. La ingesta adecuada de líquidos antes y después del ejercicio también contribuye a una menor probabilidad de complicaciones. En todos los casos, la consulta médica para definir la aptitud física y la magnitud de la actividad a realizar constituye un requisito que podría definirse como indispensable para lograr los mejores resultados en términos de rendimiento y de seguridad.

Imagen: Globedia

 



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