Educación Física en el Síndrome de Down



El síndrome de Down es probablemente la alteración genética más frecuente y su incidencia varía en función de la edad materna. Si bien esta enfermedad se asocia con retraso intelectual, la estimulación temprana y otras estrategias terapéuticas permiten a los niños afectados lograr un mayor rendimiento cognitivo. La actividad física y la gimnasia son también recursos formidables para las personas con síndrome de Down.

La práctica de deportes en niños y adolescentes con síndrome de Down se puede efectuar en forma individual o grupal y contribuyen de manera muy acentuada en su desarrollo psicomotor. Sobresalen los beneficios en la capacidad física y en lograr mejorar el tono muscular y el equilibrio estático y dinámico.

Los profesores dedicados a la educación física de estos pequeños deben recordar que tienden a un agotamiento rápido, por lo cual la incorporación de componentes lúdicos representa un gran estímulo para mantener la atención y asegurar que los niños disfruten de la actividad.

Las caminatas con distintas variantes (pasos cortos, pasos largos) representan una opción interesante de calentamiento previo. Del mismo modo, la práctica de saltos (dentro y fuera de un aro o saltos en largo), así como los ejercicios para incrementar la coordinación (pararse en un pie, caminar sobre una línea recta, balanceo sobre pelotas Bobbat) son variantes apropiadas que se asocian con un alto rendimiento.

La natación constituye una actividad física ideal para los niños y adolescentes con síndrome de Down, ya que se estimulan distintas funciones psicomotoras y neurológicas, en un contexto que resulta muy agradable para los pequeños y que suele llenar de satisfacciones a las familias y los profesores, en especial en los ámbitos grupales. Vale destacar el papel de integración que caracteriza al deporte, lo que permite beneficios agregados en la esfera social.

Imagen: A Viva Salamanca



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