Caminata, Trote, Carrera

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La magnitud del ejercicio físico que surge de las caminatas es un motivo de debate entre los aficionados a esta forma práctica, simple y económica de practicar actividades al aire libre.

Un factor que debe tomarse en cuenta es el nivel de entrenamiento previo. En general, en todo sujeto que ha permanecido prolongadamente inactivo o bien que se encuentra en rehabilitación por procesos de enfermedad, es prudente el inicio de una actividad sólo aeróbica, con caminatas en distancias breves y por períodos cortos. El posterior incremento del tramo recorrido y de la duración de la ejercitación variará en función del asesoramiento profesional.

Otra variable destacable es el calzado. Siempre debe optarse por el uso de indumentaria cómoda, pero, dado que muchos oficinistas emplean sus ratos libres para practicar este tipo de actividad recreativa, es apropiado el uso de calzado cómodo que permite la caminata, sin incremento en estos casos al trote o la carrera.

Cuando estas circunstancias no constituyen factores limitantes, la práctica global de actividad puede abarcar entre treinta y cuarenta y cinco minutos, de los cuales alrededor del 50% podría estar constituido por caminata o trote ligero. El resto del tiempo puede repartirse entre un nivel de trote de mayor intensidad y tramos cortos (no superiores a los 100 metros) de carrera llana, para incorporar un componente de ejercitación anaeróbica.

La distancia final a recorrer y la velocidad de progresión deben sustentarse en una base individual para cada persona en particular, a fin de lograr el mejor rendimiento con la menor probabilidad de lesiones asociadas.

Imagen: Kom Store



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